El pago de San Felipe a Juan Fuentes Gallardo

Es quizá el nombre más popular a la hora de votar por un alcalde histórico de la ciudad. Fue boxeador, payaso, maquinista de trenes, actor, telonero de circo, dirigente vecinal, político y uno de los mejores alcaldes de San Felipe.

Cuando uno habla de Juan Fuentes Gallardo, habla de un gran hombre, con real vocación de servicio público, como lo dijo una vez el historiador y jefe de obras municipales, don Benjamín Olivares “de aquellos políticos que honran la política y custodian la ciudad y su gente”. Fue reconocido por el Colegio de periodistas como “Mejor hombre Público de 1972” de la entonces Provincia de Aconcagua, consiguió que donaran dos colegios, levantó la escuela John Kennedy, lideró la construcción de la población Corvi, ideó el sistema de autoconstrucción en la zona y cortó cinta en la inauguración de 12 poblaciones en la ciudad.

Si aún le parece un perfil corriente podemos agregar que estudió en la antigua escuela N°4 y luego en la escuela Santa Juana de Arco siendo alumno de Emilia Corona Negrete, maestra fundadora de dicha casa de estudios, mientras estudiaba se escapó un día a Santiago, entró en la Moneda y habló con el mismísimo Presidente Gabriel González Videla, a quién le pidió trabajo en los ferrocarriles, donde comenzó a laborar como portaequipaje siendo aún un niño. Luego trabajó en la desaparecida fabrica Duncan Fox. De regreso en ferrocarriles cargaba colisas de pasto hasta literalmente “romperse la espalda”. No dudó en lanzarse a las vías para salvar a una dama que había caído antes del paso del tren, recibiendo una recompensa de la empresa ferroviaria. Cobró los boletos en el ramal San Felipe – Putaendo, fue regidor y uno de los pocos personajes locales a quienes un presidente de Chile haya servido de presentador.

Juan de Dios Fuentes Gallardo, conocido en la ciudad como “cacha de bastón”, sobrenombre heredado de su padre, nos recibe en su casa para hablar de la ciudad, su crecimiento y su historia como alcalde.

¿Le molesta ese sobrenombre?

“No, para nada porque me acuerdo de mi padre, a él le decían así, entonces ¿porqué me debería enojar?”

Háblenos de su pasado ferroviario, cuéntenos de su trabajo y los recuerdos que tiene de ese ambiente

“Lo más lindo que me ha tocado vivir. Yo era bodeguero y recorría todo este sector hasta Las Vegas y Putaendo por dentro. Arreglamos un galpón que había en la estación y ahí organizábamos funciones de circo, yo hacía de payaso, la gente se reía mucho. También teníamos veladas de box y yo varias veces me puse los guantes, había que hacer de todo para que la gente se riera, eran tiempos sanos, los niños éramos más inocentes, uno podía recorrer la ciudad entera a pie y todos nos conocíamos”, recuerda con nostalgia.

¿Qué le produce ver el recinto donde antes estaba la estación?

“Dan ganas de llorar. Toda la bulla de la gente, los coches victoria, el pito del tren… (se emociona y guarda silencio) no debía haber terminado así. Si parece que hubiera habido una guerra quedó todo botado. Ya no hay negocios, ya no queda nada. (otra vez pausa y medita un rato) Mire cuando salí concejal (1990) yo quería que se recuperara ese recinto, pero en la municipalidad querían todo lo contrario, querían romper la calle Riquelme para que saliera al estadio fiscal, al final no se hizo ni una de las dos cosas y ese es otro punto malo de la ciudad”.

¿Le gusta como se ha planificado la ciudad?

“Uta da pena, porque una cosa es que la ciudad crezca y otra muy distinta es que esté tan desordenada. A lo mejor era más fácil antes pero ahora está todo sucio, desordenado. Hasta da vergüenza ver algunas calles. La gente no respeta nada, los cabros rayan hasta las estatuas. Hay unas poblaciones re grandes y no tienen árboles, no hay plazas para los niños, nada. Mire lo principal aquí es los niños, yo cuando era chico siempre me acordé de la gente que nos daba cosas, regalos, juegos, una pelota, lo que sea, a los niños no se les olvida nunca, entonces estos pericos se gastan tanta plata en otras cosas y no hacen cosas mejores para los niños”.

Bueno y ¿es cierto que usted una vez dijo que iba a hacer “columpios para que se columpeen y resfalines para que se resfalineen”?

(Ríe de buena gana) “Siempre me gustaba molestar, porque la gente me hacía burla por mi habla, entonces yo inventaba frases como esa. Una vez un niño en una escuela me preguntó qué significaban las dos “F” que aparecen en el escudo de San Felipe y se me ocurrió responderle delante de uno de la Radio Aconcagua: significa “Fuan Fuentes”… siempre molestaba con eso”.

Usted arrasó en las urnas para las municipales de 1967

“Había que levantar la ciudad después del terremoto del 65’ y el Intendente nos ayudó a conseguir plata para empezar por arreglar la plaza, había que botar la Intendencia, el Teatro y el edificio municipal que estaba al lado del banco Español (mismo lugar que usa hoy Banco Falabella). Hablé con el presidente Frei Montalva y él vino a visitar la ciudad, lo convencimos y entregó los materiales para construir las poblaciones: Los Álamos, Manso Velasco, y 11 de Septiembre, yo creo que el trabajo ayudó a que la gente eligiera alguien del pueblo”.

Usted diseñó el programa de autoconstrucción y ya habían empezado a construir “La Santita”

“Es que fue muy lindo porque la gente hacía sus propias casas, yo le dije al Presidente “Usted consígame los materiales, que la gente en San Felipe es trabajadora, y si no pueden venir a levantar la ciudad, la levantamos nosotros mismos”. Y el Presidente mandó 12 carros de carga con materiales para casas y levantar 4 colegios: la 62 (Hoy José de San Martin), la escuela 21 (hoy Manso de Velasco), el Liceo de Niñas que había que cambiarlo de lugar, y la Manuel Rodríguez. Me acuerdo que la gente  estaba feliz y en todos lados me invitaban a celebrar con ellos”.

¿Es cierto entonces que usted era amigo del Presidente Frei Montalva?

“Claro, si siempre venía para acá. Nosotros lo íbamos a buscar a la estación de trenes y lo sacábamos a recorrer la ciudad. Una vez me metí para hablar por los trabajadores y él me dijo que yo hablaba lindo, todos se rieron, pero Frei dijo que mientras uno hablaba con el corazón estaba todo bien, así que me llevó a Santiago a hablar en un acto oficial”.

Mientras hablamos con él y una de sus hijas profesora, algunos de sus perros se inquietan y comienzan a ladrar. En algún momento Juan Fuentes llegó a tener más de 20 perros y fue uno de los primeros miembros formales de la Sociedad Protectora de Animales en la ciudad. Aprovechamos la pausa para revisar los cientos de reconocimientos entregados a este hombre: ciudadano destacado, hijo ilustre, personaje del año, servidor público, mejor trabajador, mejor dirigente DC, vecino destacado, y un largo etc. que pasa incluso por un saludo escrito del mismísimo Juan Pablo II. De los muros cuelgan trabajos plásticos del extinto artista Carlos Ruiz Zaldivar  con quien tuvo innumerables diferencias, pero asegura que al final del camino “nos convertimos en buenos amigos”. Aprovechamos de regalarle una copia del documental “El Sueño y las Ruinas” del creador sanfelipeño Carlos Lertora y que se basa en la caída del Palacio de la Hacienda de Quilpué, ícono de las pérdidas patrimoniales.

Nos queda la sensación de que si usted hubiese sido Alcalde en esa época, no hubiese permitido que demolieran el palacio

“No habría dejado que lo tocaran. Cuando se demolió nadie dijo nada, y ojo que estaba esta misma gente. Claudio Rodríguez, el mismo Jaime Amar que era dirigente de varios organismos de peso, no se opusieron, no dijeron nada. Nosotros habíamos recibido con tanta alegría el traspaso de la propiedad para el municipio. Yo hice funcionar allí los talleres femeninos. Llenamos de juguetes algunas piezas para regalársela a los niños para la pascua. Teníamos todo limpiecito, yo hice correr coches victoria desde el centro para que la gente fuera a visitar. Le pusimos agua a las piletas, y el que quería se bañaba. Hicimos el Festival de la Vendimia, eso nunca se debió terminar, la idea era mantenerlo, recuperarlo para la gente. Cuando uno ve lo que pasó con el palacio entiende esa tontera de los estacionamientos subterráneos”.

¿Usted no está de acuerdo?

“Cómo podría estar de acuerdo si van a entregar la plaza por más de 30 años. Es una cosa seria. Nosotros ya no vamos a estar aquí. ¿Porqué no dejan que la gente decida? Hay alguien que no está haciendo las cosas bien y eso hay que decirlo”.

¿Usted cree que la gente no apoya estas cosas?

“Mire, aquí la cuestión es clara, yo fui un obrero y andaba al tres y al cuatro con la plata, pero nunca podrán decir que yo me robé algo, la gente se da cuenta cuando se hacen las cosas con buena intención y este proyecto está metido a la fuerza. Eso no es bueno”.

La nostalgia invade el pequeño espacio que queda entre cuadros, recuerdos, radios antiguas y plantas. Un dibujo al pincel de la antigua pileta de la Plaza de Armas sirve para retomar el tema.

“Esa es la verdadera pileta de San Felipe –apunta Gallardo- esa nunca se debió cambiar. Esa fue una idea de Claudio Díaz y la gente no pudo opinar ni reclamar, la pusieron de un día para otro”.

Don Juan, ¿usted cree que la gente añora alcaldes más cercanos o funcionarios más abiertos a escuchar?

“¿Usted que cree?… si aquí el tema es de la gente, la ciudad es de la gente y uno tiene que preocuparse de encontrarles trabajo y mantener limpia la comuna. A eso me dediqué yo y por eso me felicitan todos en la calle. Me dicen: “pucha que lo echamos de menos Juanito”. Yo hablaba con la gente y ellos se daban cuenta que uno hacía las cosas con cariño y nada más”.

¿Cómo quiere que le recuerde la ciudad? Como alcalde, como obrero, como amigo…

“Como un obrero que llegó a ser algo. Yo de chico pasaba por la municipalidad y me quedaba mirando. Una vez entré al salón del alcalde y no había nadie. Me senté en el sillón y pensé: cuando yo sea grande voy a estar sentado acá de alcalde, y así fue. Entré con las manos peladas y cuando salí de la municipalidad salí con las manos de obrero honrado”.

 Usted fue Alcalde para el Golpe de Estado y después fue designado por Pinochet, eso ¿no le trajo problemas?

“No no no, yo no fui designado por Pinochet, yo ya era Alcalde antes y me acuerdo que me llamó un oficial para preguntarme si yo quería seguir, y yo más contento que no sé qué dije al tiro que sí, si eso era lo que me gustaba”.

¿La gente le agradece lo que usted hizo por la ciudad?

“Pero si no le digo que me atajan en la calle. La gente es inteligente y saben reconocer todo. Cuando levantamos esta población, cuando conseguimos el colegio (John Kennedy), tantas cosas que se hicieron”.

Me refiero a cosas más específicas, por ejemplo ¿lo vienen a ver?

“Una vez vino Jaime Amar a saludarme, se portó muy bien conmigo. Hay dos o tres políticos que vienen a sacarse la foto con migo para cuando hay elecciones nada más… ahora lueguito van a aparecer. Pero así es la cosa, no podrán venir quizá”.

Interviene su hija y nos habla de lo complejo que ha sido para su padre la diabetes que le aqueja y que prácticamente lo mantiene postrado. Nos cuenta de su “abandono” en el sentido mas noble posible. “Acá todos vivimos con mucho cariño, vienen del consultorio, le hacen sus curaciones y lo trasladan cuando es necesario. Pero por ejemplo mi papá carece de cosas tan básicas como un “burrito” para pararse solo y apoyarse cuando anda por acá en la casa…”

¿Les incomoda si le ayudamos a conseguir uno?

“No, para nada, nosotros no somos orgullosos, ni nos da vergüenza. Mi papá siempre fue una persona correcta, honrada y en esto no hay porqué tener vergüenza, son necesidades básicas. La pensión de mi papá igual es mínima, y aunque la enfermedad es AUGE siempre faltan cosas”.

Nos despedimos y nos retiramos con sensaciones encontradas, dejábamos atrás una conversación con uno de los grandes personajes de la ciudad de San Felipe, un ser humano noble y gentil. Un monumento vivo a la razón, el esfuerzo, el sacrificio y la humildad.

¿Sabrán las funcionarias del Hospital San Camilo que le visitan para sus curaciones, que están atendiendo a uno de los gestores de levantar ese edificio en la Avenida Miraflores? ¿Sabrá la gente que pasa por su casa en la misma avenida, que tras esa selva de plantas y bulliciosos perros vive uno de los baluartes del San Felipe de los años 60’?¿Seremos capaces como ciudad, de no olvidar a nuestra gente, nuestros personajes y nuestra historia?¿Que tanto estaremos dispuestos a hacer para recuperar el tiempo perdido y entregarle a Juan Fuentes Gallardo algo más que un galvano o un diploma?

Aún es tiempo de reconocer en vida lo que este gran hombre hizo por su ciudad y su gente.

Entrevista. Pedro Muñoz H.

Fotografías: Carlos Lertora

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Pedro Munoz

Fue colaborador de El Mercurio y su Semanario El Correo. Editor de medios digitales deportivos y noticiosos en la IV y V región. Panelista de UCV televisión y asesor de los municipios de Zapallar y La Serena en imagen corporativa y de turismo. Actualmente trabaja en el programa de evaluación Docente, es Reportero Gráfico y asesor en planes de Mejoramiento Educativo en colegios de la zona.

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