«El Hombre del Banco» y sus días en la calle

Tiene más de 60 años, un perro, un carro de supermercado, mucha ropa húmeda, más de 500 diarios y revistas, pan como para diez días y una mirada noble e infinita, de esas que conmueven hasta el más duro de los corazones.

Don Luis Vásquez, el hombre que vive en una banqueta de la alameda O’Higgins justo frente a la comisaría de carabineros en San Felipe, no ha pasado desapercibido para los transeúntes que usualmente pasan por el sector.

Nadie recuerda con precisión cuándo llegó ahí, según el mismo don Luis “fue hace rato”. Lo visitamos el día domingo en una pausa entre las lluvias del fin de semana pasado, le preguntamos por su origen y las razones para llegar a nuestra zona, no habla de su familia y ante las pregunta sobre sus cercanos muestra el más sensible de los rostros, el rostro del amor perdido quién sabe por qué razón.

¿Le gustaría vivir en otro lugar, en una casa?

“Si, sería lindo… pero no se puede nomás. Ya no se puede”.

¿Y como lo hizo con la lluvia?¿se le volaron muchas cosas?

“Si si si, algunas… pero ya estoy bien”

¿Y la gente lo viene a ver, le traen cosas?

“Si papito, si vienen, recién nomás me trajeron café. Y en la tarde me dan agua caliente en el negocio (apunta hacia un restaurant por calle Coimas). Pero estoy bien aquí”.

¿Y en las noches pasa gente que lo molesta?

“Si vienen, yo sin hacerles nada, pero también me defienden, así es que no me pasa nada”.

Desde afuera, su «casa» parece solo un montón de basura. Pero debajo del nylon se esconde todo un mundo, y don Luis tiene todo lo que necesita para vivir, y un poco más.

Don Luis optó por quedarse frente a Carabineros y así evitar los malos ratos que vivió cuando estaba en la Alameda Chacabuco o detrás del edificio Prat hace un par de años. Confiesa que llegó desde Rancagua para radicarse en Los Andes, pero que recibir unos golpes de unos sujetos ebrios lo motivaron a trasladarse a San Felipe. Se reúsa más de una vez a hablar de su familia y su anterior hogar estable. Sí es capaz de contar que trabajó en un par de empresas mineras y muchos años en agricultura. No aspira a tener una vida muy diferente, él y su perro pareciera tener de todo, ya casi ni pide en la esquina de Salinas y O’Higgins, y al menos su alma pareciera estar satisfecha.

La gente suele verlo leer mucho ¿Qué lee?

“Me gustan las revistas, los textos cortos. Me gusta ver el diario, y tengo estos lentes (los saca de debajo de una improvisada almohada) así puedo ver las letras más chicas (saca un libro de bolsillo marcado casi en la mitad), y no me duele tanto la cabeza”.

Oiga don Luis …

“También me dicen Pedro, ese es mi sobrenombre. Me lo pusieron los cabros del colegio que pasan por aquí”.
Don Pedro entonces… usted por acá ve pasar una ciudad entera pues…

“Si claro, pero yo no sapeo tanto, yo vivo mi mundo nomás, para no molestar a nadie”.

¿Que es lo que a usted más le llama la atención de las cosas que ve?

“Los Carabineros, que día y noche salen a trabajar. Y los papás que traen a sus hijos en bicicleta (a la plaza de tránsito junto a su “hogar”) me gusta mirarlos y me dan ganas de meterme a defenderlos cuando los castigan. No hay que enojarse con la gente. Cuando uno está solo se da cuenta que es mejor no estar enojado, no es necesario y es triste”.

Mientras hablamos con él, un joven matrimonio se acerca a entregarle un café y unas galletas. Ya comienza a llover nuevamente y don Luis le agradece con una sonrisa su ayuda y saludo. Nos apartamos un poco y hablamos sobre la generosidad del sanfelipeño y la falta de un hogar de acogida o una brigada de ayuda a los que viven en la calle. Expresan que don Luis no puede ir “al Hogar de Cristo, porque su albergue solo abre en 1 de Junio y además le cobran. El otro problema es que dejan entrar a delincuentes y le roban a ellos mismos”. Como ellos cada día son más los que se motivan y visitan a don Luis, con un café, con un pan, con un plato de comida, con un diario, con una palabra, y sea con explicación lógica o no, cada uno de los que le visitan y ayudan se retiran con una satisfacción interna y la alegría de acompañar a este hombre que hace sus días entre autos, parejas, carabineros y árboles.

Don Luis o Pedro como prefieran llamarle, es un hombre culto, que sufre los mismos males que cualquiera que vive en realidad de calle. No pretende dar ningún giro en la vida ni tampoco espera que la vida gire en torno a él. Aprovecha cada instante favorable para leer. Siente miedo de la soledad, del silencio y de perder su vista. Siente un temor profundo a perder la habilidad de leer, y cree que morirá en la calle. Ríe de buena gana cuando se entera de que le he «bautizado» como el «Hombre del Banco» y aumenta su alegría cuando le cuento que yo siempre quise ser dueño de un banco, y que él me ganó».

Nos alejamos con la lección tomada. Fuimos por una nota y regresamos con un capítulo de vida, un capítulo de esos que siempre quedan para tomarse un tiempo, respirar profundo y agradecer el conocer a un hombre simple con ganas de vivir y abrazar a muchos.

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Pedro Munoz

Fue colaborador de El Mercurio y su Semanario El Correo. Editor de medios digitales deportivos y noticiosos en la IV y V región. Panelista de UCV televisión y asesor de los municipios de Zapallar y La Serena en imagen corporativa y de turismo. Actualmente trabaja en el programa de evaluación Docente, es Reportero Gráfico y asesor en planes de Mejoramiento Educativo en colegios de la zona.