A la Caza del «cordero»

Son las 11:30 horas de un jueves cualquiera, nos sentamos en uno de los bancos de la Plaza de Armas de San Felipe. Nuestra intención: revisar el procedimiento que utiliza el inspector municipal del departamento de tránsito Fernando Cordero para multar vehículos mal estacionados en el centro de la ciudad.

Correos electrónicos con denuncias de automovilistas multados hablan de prepotencia, estrategias de ocultamiento y hasta “mala intención” del inspector municipal al momento de pasar una infracción.

Decididos a conocer sus métodos indagamos la “ruta del parte” que Cordero sigue rigurosamente casi todas las mañanas. Un clásico en su habitual proceder es la esquina en la que estamos, y por lo general su primer parte de la mañana lo escribe a algún vehículo que se estaciona fuera del Banco Chile.

No pasan más de 10 minutos y Cordero aparece. Tiene en la mira un Chevrolet Corsa color verde que se estaciona en un espacio reservado para el Obispado de San Felipe, solo que hay un problema, el vehículo aún tiene ocupantes y solo el chofer se bajó. Fernando Cordero retrocede y se ubica detrás de la estatua que hay en el sector esperando a que los choferes caigan como “cordero al degüello”, no reprende a la persona y la conmina a retirarse, no le advierte de la infracción, no le pasa el parte y se lo entrega en la mano, espera unos minutos y cuando la gente se aleja, saca su cámara fotográfica, saca dos fotos y llena la papeleta que escribe rápidamente, y la coloca en cada uno de los tres autos estacionados en el lugar.

¿Cuántos partes llega a sacar “corderito”? ¿Cuánto ingreso significa para el municipio la acción de este funcionario?

Un parte por mal estacionamiento puede costar unos $39.649.- o sea 1UTM, claro que si el infraccionado cancela la multa antes de que pasen 5 días se acoge a la ley que le rebaja un 25% del total de la multa, quedando el pago final en poco menos de 30 mil pesos.

Un par de lavadores de autos que advierte nuestra presencia se acerca para “avivar la cueca” y agregarnos datos como que “él no le saca parte a todos, elige a la gente y si usted se fija ese auto rojo (nos apuntan un Corsa Millenium) no es municipal y no le sacó el parte. Surge una discusión sobre el tema cuando llega el propietario de uno de los autos “parteados”, se agrega otro “cuidador” y aprovecha de ratificar una denuncia que hemos escuchado más de una vez: Este inspector municipal suele esconderse para esperar a que el automóvil en cuestión quede solo para rápidamente colocar la papeleta y salir del lugar.

El tiempo que esperamos en esa esquina nos permite apreciar que durante todo el día son cientos de vehículos los que ciertamente infringen la norma de tránsito al estacionar en un lugar no permitido, situación que se facilita cuando los propios lavadores de autos invitan a estacionar a quienes no saben que en la esquina en cuestión hay solo estacionamientos reservados. Pero es el mismo tiempo el que nos permite apreciar otra forma de actuar de otros fiscalizadores de la ley.

Una pareja de Carabineros pasa en frente del Banco Chile. Una mujer había dejado su Jeep estacionado frente a la puerta unos minutos antes. Carabineros mira alrededor y espera un par de minutos hasta que aparece la dueña, le llaman la atención por su falta y le piden que retire el vehículo del lugar. No hay multas, solo un llamado de atención a pesar de que la conductora incurrió en una falta penalizada por la normativa de tránsito.

No pasan ni 10 minutos y la escena se repite, esta vez los que pasan son dos uniformados en moto. Uno se baja e ingresa al mismo banco, sale de su interior con un señor con cara de afligido, lo conminan a retirar la camioneta que conducía y salir de la citada esquina.

Hablamos con un oficial de Carabineros para consultar qué tan frecuente es “perdonar” una infracción, y éste nos aclara que “el espíritu de la ley es un ordenamiento de las calles y el respeto de los conductores a la propia Ley de Tránsito y no hacer juntar dinero a las municipalidades”.

Fuimos al Juzgado de policía Local a consultar que tan “a criterio” queda el cursar una infracción por mal estacionamiento y si son permitidas las formas que Cordero utiliza.

Desde hace algún tiempo, el Juzgado de Policía Local le obliga a justificar el parte con una fotografía

“No me parece apropiado eso de esconderse, pero no sabría decirle si es legal o no. Acá el funcionario llega con la multa y un par de fotos que justifican el parte. Esto porque antes mucha gente impugnaba la multa entrando en conflicto con el inspector, hasta que un anterior magistrado comenzó a exigir las imágenes para resolver más fácil”, nos relata una funcionaria del Juzgado que recibe más de 2 mil partes empadronados al año solo por este funcionario.

Dentro del mismo juzgado un señor se queja de que el funcionario en cuestión es “maletero, no perdona a nadie, yo soy su vecino y me parteó igual. Dan ganas de sacarle la cresta, porque uno lo ve por ahí “poniéndole” cuando debería estar trabajando y uno no lo sapea”. El hombre se ve realmente molesto y es cosa de minutos para que lleguen al menos seis personas más, no se conocen entre ellos pero rápidamente coinciden en que han sido multados en más de una oportunidad y sin excepción están de acuerdo en que este funcionario debe ser uno de los personajes más odiados de la ciudad.

Cuando se escucha a la gente, se da cuenta de que el municipio expone sobremanera a este funcionario que ha sido atacado varias veces en el ejercicio de su función. Un ex compañero de colegio de la antigua Escuela 4 que lo conoce desde pequeño  asegura que “siempre fue así, si se tiene que joder a alguien con su trabajo no tiene ningún problema y es capaz de sacarle un parte hasta el Papa”.

Guardando las proporciones Cordero no ha estado lejano a aquello, pues un día, y a pesar de ser advertido por uno de los parquímetros del sector multó al Obispo de la Diócesis de Aconcagua insistiendo en que el vehículo estacionado en el lugar reservado para el Obispado no era de Monseñor Contreras. Como era de esperar, una vez que éste se enteró cruzó al edificio municipal para solicitar la anulación de la boleta. Pero él no es el único que se libra de la letra implacable de Fernando Cordero , tan solo el año pasado unas 545 multas no alcanzaron a llegar al Juzgado de Policía Local y fueron anuladas o simplemente objetadas sin alcanzar a convertirse en multa de pago.

En horario de trabajo, portando su credencial municipal y cuando pareciera tener "la meta" cumplida, Fernando Cordero se da algunas "escapaditas" a algunos locales que le ayudan a olvidar los malos ratos vivídos.

El accionar de este inspector del departamento de tránsito le reporta al municipio sanfelipeño  ingresos cercanos a los 77 millones de pesos en un año. Todo esto porque en un mes puede cursar hasta 600 partes, algo así como 30 partes al día.

El municipio sanfelipeño, a diferencia de otras comunas no tiene un departamento de inspección, y no existe una coordinación entre los inspectores de los diferentes departamentos, lo que permite algunas prácticas que, no siendo ilegales, llegan a ser una grosera falta de criterio.

Un caso muy especial

Otro caso donde se cuestiona el criterio aplicado es lo sucedido en Avenida Yungay hace muy pocos días, cercano a una escuela de conductores donde la gente suele dejar los vehículos estacionados afuera de sus casas en la “platabanda” junto a la vereda. La lógica indica que si no hay molestia a los peatones, y ante la imposibilidad de estacionar en la misma avenida, los propietarios suelen dejar sus autos en el lugar, que más bien pareciera una extensión de su jardín. Incluso poco antes una cuadrilla municipal dejó ramas de la poda de los árboles en el sector, las que imposibilitaban el ingreso al estacionamiento de una de las casas. El paso del inspector fue nuevamente sin criterio común y procedió a multar a los 4 vehículos del sector, incluido el que no podía ser estacionado por las ramas dejadas por el mismo organismo que los multaba.

La verdad es que seguir los pasos de Fernando Cordero deja entrever a un verdadero personaje urbano. Pero también deja al descubierto otro tipo de situaciones poco claras. Ese rol de implacable ¿lo ejecuta de mutuo propio o por instrucciones? ¿Está obligado a llevar una cantidad determinada de partes diariamente al municipio? ¿Es aceptada por el departamento de tránsito la metodología aplicada por Cordero?

No es descabellado pensar que el trabajo del inspector en cuestión es por metas, pues en nuestro seguimiento pudimos constatar que estando con su identificación de funcionario municipal y en horario de trabajo, suele darse algunos “recreos” en boliches poblacionales y del centro, como así también puede darse el gusto de “distraerse” un rato en las máquinas de destreza de diversos puntos de la ciudad.

En nuestra defensa del derecho ciudadano fuimos a consultarle por su accionar y al verse sorprendido con nuestra cámara, esto fue lo que nos dijo.

*El director del departamento de tránsito, Guillermo Orellana, se excusó de entregarnos una entrevista por trabajos específicos anteriores, pero se comprometió a hablar con nosotros a la brevedad, aunque sí nos adelantó que «ni el municipio ni el departamento de tránsito ampara malas conductas en el ejercicio de una función fiscalizadora. Nosotros tenemos un instructivo de procedimiento y me comprometo a revisar la nota y responder a la brevedad».

Pulsa para ver la página de mis amigos Pulsa para ver mi novia Pulsa para conocer a mi Familia Pulsa para conocer mi trabajo Mapa de imágenes. Pulsa en cada una de los círculos.