Opinión: Algo huele mal con OHL

Que un puñado de trabajadores paralice las obras de una mega construcción, ya no es tanta noticia, pasa en el mundo entero.

 Que un puñado de trabajadores paralice las obras de un embalse, que hace nada se levantó como bandera de lucha por un gobierno en el que el propio ministro de Obras Públicas se convertiría en carta presidencial, eso sí es noticia.

 No se trata de una movilización cualquiera, es un eslabón en la seguidilla de errores cometidos en torno al mismo proyecto.

OHL se convirtió hace nada en una de las mayores concesionarias del mundo.
Con 3 fusiones desde los 90’ se posicionó en el mercado internacional como uno de los tantos consorcios que apuntó a Latinoamérica para echar raíces junto a otros conglomerados españoles de igual afincamiento, incluyendo a Movistar y Endesa.

El 3 de febrero de 2011 el mundo empresarial se enteró de que OHL tenía la propuesta más baja para adjudicarse la construcción del embalse Chacrillas con una inversión cercana a los $60 millones de dólares (unos 30 mil millones de pesos).

Afuera quedaron: la firma Constructora BCF y los consorcios Sacyr Chile-Equipos y Construcciones (EDECO)-Constructora Agua Santa, Comsa de Chile-OAS, y Besalco-Dragados que también ofertaron por el proyecto, sin embargo el Estado de Chile favoreció a la española que estaba muy por debajo en el precio.

El embalse, que piensa cubrir un área de 92ha en el sector de los Patos, con una capacidad para almacenar 27 millones de metros cúbicos de agua, incluyendo la construcción de un muro de 102m de alto y 320m de ancho, necesita de mano de obra calificada y de jornales que en total suman unos 500 trabajadores.

En general la llegada de la firma se vio con buenos ojos, y su premisa de “contribuir a la generación de riqueza y bienestar social de todas aquellas comunidades en las que está presente”, de pronto no se ha cumplido por una serie de tropiezos (de voluntad propia o por factores externos a su responsabilidad).

Lo cierto es que cuando se escuchó por primera vez en la zona el nombre OHL, nadie imaginó que con el correr de los meses se hablaría de 4 mil litros de cacas vertidas al río que da vida al sector, tampoco de un camino cada vez más derruido y polvoriento, menos de trabajo en condiciones de baja calidad alimentaria o trabajadores disconformes con los sueldos que no cubren la cantidad de horas que pasan en las faenas. Eso sin nombrar los reclamos por comida escaza, buses de acercamiento del nivel más bajo y jornales sin opciones de una miserable ducha después de 12 horas al sol entre las serranías del Chalaco.

Nada saca la firma española con crear rimbombásticos concursos de dibujo infantíl, cruzadas de ecología o cicletadas familiares, si a esas propias familias no les da la seguridad y tranquilidad de que lo que hacen en la zona no es una invasión o pisoteo, sino un verdadero aporte al desarrollo.

Quemados o no, los aconcagüinos contemplamos a OHL con dos obras emblemáticas para la zona, como lo son la nueva ruta 60-ch, y el embalse Chacrillas siendo titular en los diarios por una y otra traba, en las que por lo general el único que pierde es el usuario, o el vecino cercano a la obra.

Plazos incumplidos, metas no alcanzadas y beneficios que por ahora no son tales parecen saturar a las autoridades, y tal como dijo el alcalde Reyes este jueves, el asunto se está llenando de complicaciones “y convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza” para la gente.

 La palabra ahora la tiene OHL.

Por Pedro Muñoz H.

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