Opinión: «No hemos aprendido nada»

Por Pedro Muñoz H.

Por 52 votos a favor y 4 en contra la “asamblea” votó en el año 2005 vender el querido Uní Uní a una empresa argentina que mostró sus intenciones apuradas de “salvar al club”. Hoy existe lamento de haberle vendido a ellos, cuando había a lo menos dos empresas más interesadas en comprarlo.

Cuatro años después, un muy “desinformado” concejo municipal, votó la concesión de todos los estacionamientos de parquímetros de la ciudad de San Felipe, con el apuro de “salvar el centro”. El tiempo fue demostrando que al leer la “letra chica” nos amarrábamos a un proyecto que en realidad nadie quería, y solo los últimos seis palitroques parados de una administración que fue rechazada en las urnas defendían a brazo partido.

Cuatro de esos concejales se “la llevaron pelada” en la última elección y solo el ex alcalde pagó los platos rotos de un “condorito” que se pegaron todos juntos. Hoy, esos mismos concejales y tres “rostros nuevos”, vienen a dar la mejor demostración del antiguo dicho que habla de que “el ser humano es el único animal que puede  tropezar dos veces con la misma piedra”.

Sin duda el tema del famoso “nuevo estadio” para San Felipe es una demostración más de que sencillamente no hemos aprendido nada.

Si la participación ciudadana es la nueva bandera de lucha del Alcalde Patricio Freire y su llamado “municipio de puertas abiertas” ¿no era esta la oportunidad de un gran escrutinio público a la idea de instalar uno de estos nuevos monumentos al cemento disfrazados de “estadio”?, es más, ¿no era ahora la oportunidad de dar el golpe de imagen y mostrar las buenas intenciones de participación ciudadana que el sanfelipeño común espera?

Me reúso a pensar que 60 personas es todo el esfuerzo posible de participación en un municipio que se jacta de trabajar con toda la gente de la ciudad. San Felipe tiene a lomenos 300 organizaciones a las que se debe preguntar por este tipo de proyectos que alteran (para bien o para mal) la ciudad.

¿Quiere San Felipe un estadio, cuando los dos que tenemos son medianamente mantenidos y escasamente llenados una vez cada tres años?

Y si queremos un estadio nuevo ¿porqué somos el único que se construirá en un emplazamiento distinto al que históricamente tuvo la ciudad?

No conozco absolutamente ninguno de los nuevos estadios  en el país y que se usan para fútbol profesional, que sea abierto a la comunidad, y en cuyas canchas veamos a los cabros chicos correteando una pelota libremente, o al típico equipo de guatones empeñosos que libera sus tensiones cada sábado en alguna liga vecinal.

Estos nuevos estadios suelen ser construcciones que adolecen de financiamiento garantizado, donde las empresas contratadas para levantarlos generalmente aparecen reclamando incumplimientos, y los gobiernos regionales deben aparecer “parchando” las platas faltantes.

Estos recintos suelen ser, muy por el contrario a lo que algunos pregonan, espacios limitados a muy pocas horas de uso, y con formalidades doblemente enredadas para su ocupación.  Sin hablar de los costos de mantenimiento, que en ciudades como la nuestra no darán para administrar un recinto superior a los 5 mil asientos.

Fui observador del proceso de construcción de los llamados “Estadios Bicentenarios” del gobierno de la Presidenta Bachelet, esos mismos que se agrietaron para el terremotos del 2010. Esos mismos que tenían los estándares FIFA y que luego los municipios no podían mantener. Esos mismos que se ocupan en promedio 6 horas a la semana. Esos mismos que al principio todos los vecinos querían, y que en poco tiempo su entorno detestaba.

Pero todo eso tiene muy poco peso al lado de la concepción de los mismos. El peso de la indiferencia de la autoridad de turno frente a sus vecinos. Acá los vecinos sencillamente no fueron escuchados, y una participación a la rápida no puede convertirse en un discurso lindo de convocatoria adecuada.

¿No fueron nuestros CORES los que le pelearon la plata del diseño al gobierno regional en una permuta equidistante y desequilibrada que aseguraría los fondos a Playa Ancha y Sausalito? ¿Porqué no somos capaces de decidir nosotros mismos los tiempos y la forma en que gastamos esos recursos?

¿Y en todo este tiempo los concejales no leyeron nada de la prensa local que hablaba de críticas a la antigua administración por la falta de participación? Lo cierto es que hubiésemos esperado algo más que discursos de buena voluntad. La real participación no es garantía de acuerdos unánimes, la real participación es saber escuchar al señor que sabe plantarse frente al resto y dar argumentos que pueden, por el peso de los mismos, ser capaces de acallar el mal proceder de la mayoría, en una asamblea de última hora.

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