Opinión: El «tercer tiempo» del Suboficial Moreno: Fútbol, Alcohol y ¿Algo más?

El medio electrónico Putaendo Informa dio un golpe noticioso al informar que el Suboficial Mayor de Carabineros y Jefe de Tenencia de Carabineros de Putaendo, Pedro Moreno Cruces, guiaba su vehículo en estado de ebriedad y que estuvo cerca de atropellar a dos efectivos policiales la madrugada del miércoles pasado, hecho que probablemente no se habría conocido si no se conjugaran dos cosas: Una denuncia oportuna y la prontitud con la que el reportero de turno llegó al lugar de los hechos.

Pero el alto mando de Carabineros en Aconcagua intentó poner paños sobre la denuncia y con más de un intento pretendió no hacerse cargo de los hechos develados por el mencionado Diario Electrónico.

Ante tal pugna de información e intervención mediática, fue muy interesante conocer que el peso de la denuncia estaba en manos de la prensa.

Tenemos ahora enfrentadas dos versiones, la negativa de Carabineros en la voz del Comandante Oscar Alarcón, quien negó el estado de ebriedad, y la aparición de un documento que se supone «oficial» como lo es el parte de los policías entregado al Ministerio Público, y en el que se consigna que «los efectivos policiales a la 01:00 horas del miércoles observaron un vehículo color blanco con sus luces altas que se desplazaba por la ruta E-71 de norte a sur, al cual,  mediante señas con una linterna conminaron a detenerse, sin embargo, el vehículo se habría “ronceado” y quedando cruzado en la vía, en ese instante, el personal policial se percató que el conductor del vehículo era el Suboficial Mayor Pedro Pablo Moreno Cruces, quien guiaba su vehículo en estado de ebriedad, por lo que los efectivos de Carabineros le pidieron que se estacionara a un costado del vehículo policial  y luego corroboraron que Moreno Cruces, al momento de bajar del vehículo solo movía su cabeza de un costado a otro  y se encontraba con una voz incoherente, corroborándose el fuerte hálito alcohólico, su rostro congestionado, incoherencia al entablar el diálogo e inestabilidad».

El resto fue sabido y probado, un choque a una señalética vial, el descontrol en la conducción sobre el vehículo por un carabinero borracho y la posterior huída de Moreno hasta su casa, donde se negó a enfrentar un control de alcoholemia.

Casos como este no son poco comunes en la institución, y cuando afectan a un Carabinero de bajo rango, la solución suele ser expedita, pública y ejemplificadora.

Pero ¿qué pasa cuando toca al de mayor rango? ¿que pasa cuando toca al «compadre» o al que sabe tantas cosas al interior de Carabineros que pareciera ser incómodo aplicar «el conducto regular»?

Ante una organización tan «vertical» como las fuerzas armadas y de orden, cuesta mucho desarticular redes de apoyo u ocultamiento de información.

El paso de los días no solo sirve para bajar el grado de alcohol en la sangre. Sirve también de mala manera para «arreglar el entuerto», y si hay mucha bulla, disfrazarlo e incluso taparlo.

Claro que si el tema se va de las manos y se filtra información mañosamente «reservada», no debiera quedar otra que cortar el fruto podrido (o fermentado, según sea el caso).

Claro que a la pasada, caen otros también, y la historia chilena está llena de esos casos. El que denuncia suele ser blanco de sumarios, cargos disciplinarios, remociones, etc. Todo depende de qué tan lejos haya tirado la piedra. De ahí que los medios de comunicación debemos adoptar la responsabilidad de investigar y difundir cualquier acto dañino para la sociedad, como lo es por cierto la limpieza de nuestras organizaciones de orden público.

En términos éticos esto se demuestra no utilizando al Suboficial Moreno en una campaña para promover la «Tolerancia cero» al conducir. Pero en términos moralmente cercanos a la gente y la sociedad en la que estamos, este episodio no puede ser ocultado, ni dejado sin sanciones. El suboficial mayor debiese ser apartado del cargo mientras el tema se investiga, y si hay policías de menor rango denunciando, estos debiesen contar con el respaldo de la institución, porque al fin y al cabo , es contra lo que han luchado por años los carabineros decentes de nuestra patria: por mantener una institución sana en términos de corrupción y comportamiento moral.

¿De dónde venía Moreno antes de ser controlado?, de un partido de fútbol con otros uniformados, y de algunas horas de compartir en un rincón de El Asiento, donde se encontraban bebiendo alcohol en horas de la noche y en el que se encontraban también otros funcionarios de la institución, lo que incluiría a un oficial de mayor rango.

Hace un buen rato que en Putaendo, el actuar de algunos uniformados ha sido cuestionado por la ciudadanía  e incluso por miembros de la propia institución. Sin ir más lejos durante el verano pasado, personal de la DIPOLCAR realizó una investigación en la zona, lo que movilizó a  varios funcionarios y pretendió esclarecer algunos hechos reñidos con la imagen pública de carabineros en la zona.

Reportes internos de Carabineros hablan de homosexualidad y fiestas donde el pudor se deja de lado, para enrolarse en conductas que pudiesen afectar la imagen pública de una institución tan conservadora, hechos hasta ahora solo refrenados de la censura por los aires de tolerancia que defienden los protocolos de No Discriminación.

Da lo mismo que haya bailes desenfrenados, con religiosos y profesionales moviéndose sobre la mesa de un domicilio en Rinconada de Silva, Putaendo o Quebrada Herrera. Da lo mismo que «chiquillos» con gustos sexuales diversos hagan lo que quieran entre cuatro paredes. Pero No da lo mismo que abran la puerta de sus celebraciones y salgan manejando curados poniendo en riesgo la vida de otros, No da lo mismo que una institución tan querida como la de Carabineros intente envolver con etiqueta de regalo noble la conducta incorrecta, inmoral o delictual de alguno de sus miembros. Porque estando en la calle un Carabinero es una autoridad, con o sin gorra. Un carabinero en la calle es un maestro, un guía de la sociedad, un modelo al que enseñamos a nuestros hijos a respetar. Pero no a este tipo de Carabineros.

Si el río sonaba antes de este episodio, llegó el momento de limpiar lo que daña, caiga quien caiga, y las manoseadas «investigaciones internas» no se queden ahí, en el escritorio de un Mayor. Saquemos de una vez por todas los trapos al sol y arranquemos lo malo del organismo.

¿Duele? claro que duele. Duele ver a un carabinero meado por borracho intentando atropellar a un par de compañeros de uniforme. Duele saber que se arman fiestas con donativos conseguidos a cambio de favores o amenazas. Duele saber que verdaderos guías espirituales del pueblo y con voto de castidad se involucran sexualmente con uniformados. Pero mucho más duele ver cuando se persigue al que denuncia, o cuando una institución a la que queremos tanto se descompone con la bacteria del silencio o la protección de la persona equivocada.

Por Pedro Muñoz Hernández
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