Opinión: Festival de San Felipe, siga participando

Por Pedro Muñoz H.

Llegó el momento que se digan las cosas por su nombre, y no nos sigamos disfrazando de superhéroes cuando no lo somos.

El 15° Festival de la Canción Palmenia Pizarro sufrió una involución en muchos aspectos. Sacarlo de Febrero y llevarlo a Marzo disfrazándolo de “Final de Verano” podría pasar. De hecho eso da la libertad de conseguir artistas más baratos y desocupados del ajetreo estival.

Lo que cuesta tragarse es el odioso afán de vestir cada cosa que el municipio hace como “algo de todos” o “lo mejor que se ha visto”, porque no es así. De hecho este festival armado a última hora cayó en varios nichos repetitivos de la era de Jaime Amar, su gestor inicial.

Se armó un lanzamiento en Santiago aspirando a que asistiera la prensa capitalina de farándula en pleno Festival de Viña, cuando todos los programas y periodistas de espectáculos se encuentran justamente en Viña. Y como es lógico al final solo participaron los mismos periodistas y reporteros de nuestra zona, que bien pudieron quedarse acá para promover lo mismo.

Recuerdo cuando el ex Alcalde Juan Ibacache de La Ligua se fue a meter a las narices del ‘monstruo’ acompañado de un ramillete de modelos y los mejores tejidos y dulces para promover la naciente Feria del Tejido. Obvio al día siguiente estaba en todos los medios nacionales. La novedad no era la feria, la novedad era llegar hasta ahí con la misma.

¿Sabrá la gente que solo dos días antes de realizarse el festival se convocó a concejo extraordinario para aprobar una adjudicación relacionada con la ejecución del mismo?

¿Sabrá la gente que la “sala de prensa” tenía más sobrinos y nietos de concejales y funcionarios que periodistas y reporteros?

Ese episodio con la prensa no es menor. Cuando uno quiere difundir una actividad y dejar una buena impresión a lo menos debe llevarse bien con los transportadores de dicha información.

Unos reporteros comiendo sobre un basurero, en una foto tomada con celular. La imagen representa la improvisación dentro del mismo.

En todos los festivales transmitidos por televisión es el canal que ostenta la transmisión el que paga para adjudicársela. Acá es precisamente a la inversa, y más encima a ese canal se le da una categoría superior respecto de los demás medios, que suelen ser los primeros en entregar cobertura de difusión municipal. De hecho, el primer día ni siquiera pudieron los medios locales acercarse a los artistas para entrevistarlos, ya sea porque el canal de “los derechos” lo tenía en “exclusiva” o porque el artista estaba chato de sacarse fotos con cuanto cabro chico se coló hasta con credencial y todo.

Estos ‘servants boys’ que se fotografiaron y comieron rico, son el reflejo de un desorden propio de un festival que está detenido en su evolución. Un festival que, aunque mantuvo una media de público razonable (sin quitarle a la mitad de asistentes afuerinos que suelen visitarlo), no ha tenido cambios sustanciales en los últimos cuatro años.

La ‘mano’ sigue siendo la misma, con la única diferencia que las versiones anteriores estaban listas tres o cuatro meses antes y ahora son tres o cuatro días antes. El resto es lo mismo, el público es el mismo, los artistas son los mismos, la competencia es la misma, el funcionario que se agranda por tener a su cuidado un artista repite el mismo patrón, la prensa local mendiga una posición y el coordinador que los ningunea para sentirse bien con su ego en crisis. Todo sigue igual que a finales de los 90’.

La cancha volverá a quedar mala, los comerciantes reclamarán por bajas ventas, el municipio volverá a decir que llegaron más de 20 mil personas, el nombre de las canciones en competencia se volverá a olvidar, y los funcionarios volverán a mostrar sus fotos orgullosos con los artistas, claro que ahora no saldrán ellos. Ahora aparecerán los sobrinos y nietos con la huella que dejó el festival más caro de la zona interior, un festival que sirve de plataforma política, que sirve para regalar flores, que sirve para el ‘bombín’ de gastos, pero que poco y nada dejan a la ciudad. Que no se promociona turísticamente, no da que hablar en televisión, y no proyecta a los artistas.

Probablemente salga mucha gente a defenderlo, porque son muchos los que trabajaron en él y lo que se estila en esto es que quien lo defiende es el que recibe un sueldo para hacerlo. Por lo mismo sería bueno llevar la discusión entre quienes no tengan intereses creados en el tema. Fue un bonito espectáculo, pero si no está bien organizado y de verdad no evoluciona para crecer, queda solo en eso. Un gastadero de plata que deja a mucha gente rezongando en el camino.

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