Opinión: «Mi querido ciclista»

Por: Pía Montealegre*

Todos sabemos que la vereda no es el espacio idóneo para tu pedaleo, pero seamos prácticos: si bien la ecuación ciclista+peatón puede tener consecuencias muy dolorosas, la ciclista+auto es potencialmente mortal. No sigas arriesgando tu cuerpo por una causa que ya fue oída. Habiendo otras prioridades, se han construido cientos de kilómetros de ciclovías y los planes no piensan parar. La ciudad y sus políticos se han convencido de tu apuesta y todos estamos encantados por los trinos de futuro que resuenan en tu campanilla. Pero mientras no seamos esa ciudad de ensueño, hay que armarse de paciencia y conservar la vida.

Si eres padre o madre de familia, no circules por la calle. Menos si andas con tu hijo en una silla, un carrito o si le estás enseñando a pedalear. Si eres hijo, ya te lo habrán dicho. Tampoco si andan vehículos pesados o estás en una avenida rápida. No vives en una ciudad de conductores respetuosos. Tampoco circules por la calle si te da miedo. Que eso no te haga dejar la bici en la casa ni sentirte menos heroico. Súbete a la vereda, que no está prohibido.

Aquí los que caminamos somos más humanos y mullidos.

Por lo mismo, los peatones tenemos la preferencia y nos merecemos el respeto que se le guarda a un anfitrión. Bájate de la bici si la acera está concurrida; lo mismo en los paseos o cruces peatonales. Si viene un peatón, baja tu velocidad. Si lo enfrentas desde atrás, iguala la velocidad del caminante, di “permiso” y solo cuando estés seguro de que te ha percibido (no vaya a andar con audífonos), adelántalo, sonriendo. Siempre sonriendo, siempre pidiendo disculpas, porque estás de visita. Circula lento y alegre, que no te bajaste del auto para andar raudo y furibundo.

Mientras la ciclovía no esté lista, yo estoy dispuesta a convivir contigo y compartir el espacio, como siempre se ha hecho. Ya lo dijo la gran Jane Jacobs (1961): la vereda es el mejor espacio para aprender los roles de cada uno y a tolerar nuestras diferencias. Sinceramente, prefiero tu manubrio en mi costilla que tu espina en un parachoque.

*Pía Montealegre es Columnista de El Mercurio y Revista Vivienda y Decoración.

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