Opinión: «Las viudas de Bielsa y las viudas de Amar»

Por Pedro Muñoz

Estando en el Maracaná para el pasado encuentro entre la selección chilena y su similar de España durante el Mundial de Fútbol, me encontré con varios amigos gráficos de distintos medios nacionales que solían criticar la forma en que la ANFP había despreciado al que, según ellos era el último gran entrenador que dirigía la “Roja de todos”. Que Jadue, que Piñera, que esto y lo otro. Su visión catastrófica de cómo se perdería a la “generación dorada” del fútbol chileno, se acababa de apagar solo cinco minutos antes, justo cuando sonaba el pitazo final en los pastos cariocas y Chile dejaba en el camino al campeón del mundo con sus millonarias planillas y constelación de estrellas.

Creo que era el fin de la era de “las viudas de Bielsa”, entre los que me contaba, porque yo mismo era un “catastrofista”.

Pero, ¿quién se podía quedar ajeno al juego mostrado por Sampaoli?. Es más, se le perdonaron errores garrafales en su planteamiento. A la gente le gusta ver que se avanza y punto. Salimos en la misma ronda de antes, la del 98’ y del 2010, “pero se jugó mejor”, y con eso nos conformamos. Todo lo demás es un mero detalle. Sampaoli ha guardado silencio y se ha dedicado a trabajar, y con eso dio vuelta un tablero que se anunciaba difícil.

Cuando Jaime Amar dejó la alcaldía, muchos sanfelipeños no vivieron el duelo, simplemente esperaron en una especie de “limbo”, no formaron oposición, no lloraron en sus casas, y uno que otro intentó echarle pelos a la sopa del nuevo Alcalde.

No pasó mucho tiempo para que comenzaran los reclamos por el “desembarco” de personas de todos lados a ganarse un decoroso “pituto” junto al benefactor de turno. El pueblo miraba de reojo y poco a poco comenzó a levantar la voz por tanta gente dando vueltas sin  una hoja de ruta específica. Se sumaron las acusaciones de falta de proyectos y su elaboración. El municipio reaccionaba con molestia y sacaba las manoseadas pancartas que pedían: “Tiempo por favor, lo que no se hizo en 20 años…”, y bla bla bla, y dentro del saco de los que aplaudíamos “vientos frescos” en un municipio con olor a vinagre se acrecentaba la desconfianza por las fichas jugadas.

Los más experimentados (vivos) se dieron cuenta del rumor y comenzaron a corretear a los nuevos empleados que se reunían a fumar en la entrada del edificio. Como lagartijas a la sombra se comenzaron a correr cada vez que alguien les apuntaba. Se contrató a los posibles enemigos, se arrimó a los que ofrecían “dormir con un ojo abierto”, al pelafustán que podría reunir firmas en contra, a la sonriente ex aliada del alcalde saliente y se armó un equipo para salir a tomarse foto hasta con el último niñito que concursara con un dibujo.

Se contrató a los concejales necesarios para “tenerlos de amigos”, y se les ofreció un nivel de participación único en la historia de la ciudad.

Pero faltaba más. Un plan comunicacional que fuese capaz de hacer aplaudir a la más leal de las “viudas de Amar”, y como en política tres moscas son varios pares. Se partió por los medios más viejos, seguidos de los más revoltosos, el de los amigos, y el de los enemigos. Luego se dio paso a las “personas”, los individuos de la prensa. “Cancha, tiro y lado” para la prensa. Después de todo, con huevo o sin huevo, había que cacarearlo igual.

Se celebraba como si fuésemos campeones del mundo hasta el último pedazo de vereda arreglado, total la señora “Juanita no cacha” de dónde vienen las platas, ni como se gastan. El equipo de comunicaciones pasó del ronroneo a mostrar los dientes a cualquiera que se atreviera a cuestionar: Un mal organizado Festival de la Canción, el “chancherío” de la chaya o el campamento de puestos para el aniversario. Los medios contratados deben publicar los logros y los funcionarios nuevos deben mostrarse siempre “apurados”, la sensación de un municipio efervescente de trabajo es la imagen ideal para una carrera exitosa.

Pero  ¿Cómo convencer a la gente que estamos ante un mejor municipio?, porque una cosa es lo que digan los medios y otra muy distinta es lo que sienten los sanfelipeños.  La realidad en las calles se mide por más resultados. Resultados concretos, y eso lo saben en el entorno de Patricio Freire. Si es necesario ofrecer un estadio, se ofrece un estadio. Si es necesario ofrecer ciclovías, se ofrece ciclovías. ¿Un Parque?, se ofrece un parque. Total, la señora “Juanita no cacha” lo que se puede o no cumplir.

Separando la paja molida del trigo ¿Qué nos queda?, no hay estadio, no hay ciclovías, no hay mejores calles, no hay acceso a San Felipe decente, no hay una ciudad más limpia, no se terminan las esperas en urgencia, no hay una mísera declaración de patrimonio y, terminamos celebrando el despeje de la terraza que debió haberse ejecutado hace un año atrás. Terminamos celebrando la plantación de mil árboles, pero ocultando los quinientos que ya están rotos o secos, sin mencionar los miles que Conaf entregó al municipio y que se pierden en los corrales municipales.

Es malintencionado todo aquel que pretenda contarle a la ciudadanía que estamos ante el municipio más caro en la historia de San Felipe, con una planta municipal que desborda en la generosidad. Malintencionado es todo aquel que insinúe millonarios sueldos que en ninguna otra parte de la ciudad pagarán por cargo similar. Despreciable se llamará al que acuse malintencionadamente que, los míseros doce millones que se reciben por un trancado sistema de estacionamiento, no alcanza siquiera para pagar 6 de los nuevos sueldos de trabajadores.

A partir de ahora será declarado demonio, todo aquel que insinúe que en la planta municipal de San Felipe existe la mayor proporción de licencias médicas por Estrés Laboral, entre los antiguos funcionarios. Y se buscará un calificativo aún peor para quien demuestre que la municipalidad de San Felipe gasta más de 40 sueldos mínimos en “difusión” de los pocos huevos que pone.

Las “viudas de Amar”, a diferencia de las “viudas de Bielsa”, no se conforman con el cambio, no aceptan la similitud e incluso el retroceso. No miran con buenos ojos una administración que nos cuesta muy cara y que solo es capaz de felicitarse a sí misma, porque en la casa de “doña Juanita”, aún esperan el cambio que les prometieron.

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