Opinión: “¿Quién le pone el cascabel al Cara de Tuto?”

Por Pedro Muñoz
Me ha llegado el índice delictual de la Quinta Zona de Carabineros, que solicité como ciudadano y vecino de Aconcagua invocando la llamada “Ley de Transparencia”. En ella veo un dibujo que se propaga como si se tratara de un virus, y peor que eso. De hecho en los últimos días hablamos más del peligro del Ébola, que no ha matado a nadie en nuestro valle, que del peligro de la delincuencia poco temerosa ya, del accionar de la justicia y que ha cobrado 7 vidas.

Admiro el trabajo de Carabineros que debe soportal insultos, agresiones y pelambres, en circunstancias que por míseras lucas arriesgan el pellejo y en dos días tienen que verle la cara a los mismos pericos que acababan de encerrar.

Admiro el trabajo de los fiscales porque tienen que atender miles de causas, estando atentos a los plazos, casos, investigar, apurar a los burócratas que no entregan informes o peritajes vitales para acusar. Son el rostro de la persecución y con ello acarrean el peligro de convertirse en blanco de “patos malos”.

A los jueces es más difícil de entenderlos, porque aunque cada causa es distinta, los parámetros legales son muy claros y las sanciones están ahí, a su alcance. Son los únicos llamados a mantener la sociedad libre de asesinos, ladrones, psicópatas o pericos que solo saben vivir con lo que le roban a los demás. Ahí es donde creo ver la falla en este eslabón de lo que llamamos “Justicia”.

En términos simples, y usando la analogía en la fábula de Lope de Vega, las policías deben atrapar “al gato”, los fiscales preocuparse de que sea el gato correcto, y los jueces asegurarse de que se le coloque el cascabel. No hay otra forma, no hay otro método. Porque el “canibalismo desesperado” de una patota de vecinos intentando darle una paliza a un delincuente, es la mejor demostración de un sistema que carece de credibilidad, de un sistema que está fallando y de confianzas rotas hace rato en la estructura judicial y su objetivo.

Tomemos el simple caso del delincuente conocido como el “Cara de Tuto”, y que fuera atrapado ayer mientras se escondía de Carabineros.

Este sujeto acumulaba 27 detenciones por delitos de distinta gravedad. Entre las “gracias” de este precoz delincuente  se cuenta que fue el mismo que, a comienzos de año atacó al Subteniente de la Segunda Comisaría de San Felipe, Héctor Epuñan, a quién le ocasionó una fractura molar mientras lo detenían en la Villa 250 años, hecho que por fin puso tras las rejas a este delincuente, tras el reiterado clamor de los vecinos del sector que, reclamaban la falta de rigurosidad de los jueces que lo tuvieron frente a su estrado y no fueron capaces de asignarle una medida que lo alejara de su reiterada insistencia en el delito. Fue tal la desesperación de Carabineros, que en la oportunidad el Comandante Francisco Castro a la salida de una conferencia de prensa lanzó un desahogado emplazamiento “ahí ustedes, los de la prensa, vayan a preguntar quienes dejan libres a estos delincuentes”.

 Durante este año, también fue detenido en tres ocasiones por asaltar a igual número de taxistas. Al finalizar el 2013, Marcelo Delgado y uno de sus hermanos asaltó con escopeta en mano a un trabajador en el sector de Los Molles, para terminar chocando el vehículo en el que huían cerca del Cerro de la Virgen en San Felipe.

Pocos meses antes, este antisocial ya era sindicado como uno de los asaltantes de otro minimarket en el sector de la Villa El Carmen, en un hecho que fue de difusión nacional porque el dueño del Minimarket y Caja Vecina se enfrentó a balazos para evitar el atraco.

La lista de denuncias en su contra incluye, cuatro asaltos, cinco aprehensiones por robo en lugar no habitado, receptación, amenazas, lesiones, lesiones graves, maltrato de obra a Carabineros y este homicidio de un hombre que hace solo un día atrás estaba disfrutando con su familia en su hogar de Los Andes, y que probablemente seguiría en eso, si la justicia le hubiese puesto atajo a tiempo.

Los dardos de los vecinos apuntan a los tribunales sanfelipeños que, para ellos son de un actuar “mucho más blando con los delincuentes”, por lo que algunos vecinos de San Felipe piden “que en Los Andes se pongan los pantalones que acá no tienen”. Escuchar eso de un vecino sanfelipeño sí que duele.

Pero los ciclos se repiten, como todo en nuestra sociedad. Ahora el “Cara de Tuto chico”, era el que lideraba la banda, ya no estaba su hermano mayor, que murió hace poco en un accidente en su moto. Éste no era de los mejores ejemplos de vida en sociedad: A los 14 años fue detenido por primera vez, a los 16 acuchilló a un amigo en una riña y entre los 14 y los 18 años acumuló 18 órdenes de arresto por los delitos de receptación, robo por sorpresa, robo con intimidación, violencia intrafamiliar, hurto simple, lesiones graves y un incendio. Este último tras pelear con su madre, quemándole la casa y otras tres viviendas de la Villa 250 años en la que vivía. Este año cumplió 26, y ya sumaba 34 procedimientos en su contra, y por más que se le formalizara, gozaba de salud y libertad. Hasta que truncó su vida de la manera más inesperada: solo, en una moto robada y sin la justicia persiguiéndole, se estrelló contra un poste en la calle Las Heras hace pocos meses.

A él, nadie le puso atajo a tiempo, la sociedad no lo recogió desde pequeño, ni menos cuando creció y se convirtió en padre de dos pequeñitos que algún día leerán cómo se ganaba la vida su padre. Claro que, si la justicia no es capaz de corregir lo “chueco” del sistema, lo probable es que en diez o doce años esos mismos pequeños se inicien en la senda de la vida fácil, esa de robarle a los ancianos, esa de mostrar un cuchillo y ganarse unas zapatillas de 90 lucas, esa de celebrarse los cumpleaños con algún robo millonario, esa de golpear policías o esa vida de saberse en prisión solo para planificar el siguiente atraco.

Señor juez. Usted que tendrá que revisar el caso del chico que a los doce años acuchilló a un compañero de curso, este que anotó como primera víctima a su profesora de enseñanza básica, a quién le robó su cartera, el mismo que aterró a una población entera con pistola en mano, el mismo que ahora tiene a una madre y a sus tres hijitos llorando frente a un ataúd, a ese que llaman “Cara de Tuto” y que seis colegas suyos no pudieron o no supieron corregir con el instrumento de la ley. Usted señor Juez, es el único llamado a ponerle el cascabel. Ya no está la excusa abusiva de la edad, esa barrera que la naturaleza corrió hace pocas semanas, estando justamente “en la cana”, cuando el chico cumplió los 18. Por favor baje de su estrado y acérquese a la sociedad, que para eso es el Derecho que usted está llamado a invocar.

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