Opinión: “Niños infractores de ley: la culpa no es del empedrado”

patricia boffa casasPor Patricia Boffa Casas

Un día me encontré con una publicación en Facebook, donde se mostraba a un niño con malas calificaciones. La misma situación, con un antes graficando la escena de un padre pidiendo explicaciones a su hijo en presencia del profesor; y el ahora, con el padre pidiendo explicaciones al profesor, en presencia de su hijo.

Ni antes, ni ahora, el padre o la madre cuestionan su rol y su responsabilidad ante ese panorama.

Se dice que cada persona es el resultado de su historia, cuya raíz tiene fuerte influencia de los padres o el (los) adulto (s) que está (n) al cuidado de un niño. Sobre sus hombros recae una enorme responsabilidad, más aún durante la primera infancia, pues en ese período sientan las bases de la manera en que enfrentarán la vida.

Conforme transcurren los años, suman nuevos factores que incidirán: el entorno, los amigos, los estímulos propios de esta sociedad de la información y las comunicaciones donde nos encontramos insertos, y así suma y sigue.

Si ese niño se mete en problemas, tal parece que echarle la culpa al empedrado, es más fácil y menos culposo.

Si obtiene malas notas, la culpa será del colegio, del profesor.

Si comete un delito o consume drogas, la culpa será “de las malas juntas”.

Me pregunto entonces, ¿Cuándo asumimos nuestra responsabilidad como padres? ¿Cuándo  asumimos nuestra responsabilidad como sociedad?

A propósito de Facebook, me llamó la atención que fuesen publicadas fotografías de un niño de 13 años que la semana pasada fue detenido dos veces, por su responsabilidad en delitos.

Sin embargo, la divulgación de esas imágenes no solo transgrede sus derechos, también evidencia este afán por no hacernos cargo de algo que nos compete como padres, como hermanos, como tíos, como sociedad.

Dicen que los niños son el futuro, pero la verdad es que son el presente. Por lo tanto, no podemos pretender que los “errores” que cometen, sean su exclusiva responsabilidad.

La divulgación de las fotografías de este niño que cometió un delito, dio pie para una serie de críticas y calificaciones terroríficas. Insisto, es más fácil culpar al empedrado.

No puedo dejar de mencionar lo que hace el Estado ante esta realidad. Soy optimista ante la creación de la Defensoría de la Niñez y la nueva Política de Infancia y Adolescencia, pero hoy resulta inquietante la realidad de los “hogares de menores”, de los centros de internación  y la “satanización” que sufren niños infractores de ley que son vistos casi como si hubiesen llegado al mundo solos.

Ya sea como sociedad, ya sea como Estado, es necesario asumir nuestra responsabilidad. Lo cierto es que tenemos que hacernos cargo, pues si los niños y niñas son el presente y si queremos que sean felices y reales aportes, sería bueno mirarnos al espejo y preguntarnos qué estamos haciendo para que eso ocurra.

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