Opinión: “Chile a medias, San Felipe a medias”

patricia boffa casasPor Patricia Boffa
Ni la estadística, ni la ciencia, ni la sociología. Ninguna disciplina nos ha permitido hasta ahora ahorrarnos desgracias,  para instalar una cultura previsora y ceñirnos a ella.

No sé si es parte de nuestra idiosincrasia, pero los chilenos somos expertos en tomar medidas sobre hechos consumados.

Si de catástrofes naturales se trata, Chile es experto. Y es cierto que resultan imposibles de predecir con certeza absoluta,  pero la experiencia de terremotos, inundaciones y tsunamis en el transcurso de nuestra historia, a estas alturas ya debiese permitirnos sacar lecciones.

A excepción de las normas sobre construcciones antisísmicas o las medidas de evacuación en zonas costeras, lo cierto es que año a año, cuando vivimos un desastre natural, nos preguntamos por qué no se realizó tal o cual iniciativa para no lamentar víctimas fatales. Ni hablar de un análisis a la suspensión del proceso judicial por el caso Tsunami del 2010, pues solo deja de manifiesto la incapacidad para admitir que algo se podía hacer, pero no se hizo.

Si de desgracias causadas por el hombre se trata, no cabe duda que somos expertos. Y  es cierto que mayor educación, conciencia o sensibilización podría permitirnos ahorrarnos víctimas fatales o pérdidas materiales, pero no podemos negar que muchas medidas que se adoptan, corresponden a una reacción ante hechos consumados.

Chile a medias sin lugar a dudas. Pero también San Felipe a medias.

El viernes conocimos el caso de Oscar, un adolescente de 15 años de edad que fue atropellado por un conductor que manejaba a exceso de velocidad por la Avenida Michimalongo.

Hace años que los vecinos de la Villa El Carmen estaban pidiendo resaltos reductores de velocidad. Años.

La necesidad aumentaba en la medida que crecía el flujo vehicular por esa arteria, como consecuencia del nuevo acceso a San Felipe, el paso de buses, camiones, taxis colectivos y el aumento de la densidad poblacional en esa zona de nuestra comuna.

Convengamos que Michimalongo es una vía estructurante, clave en la Circunvalación de la comuna. Pero es imposible esperar a que ese proyecto –que tiene varios ceros a la izquierda de inversión- pueda concretarse para implementar recién ahí medidas de seguridad vial.

De ser así, por qué entonces fue posible ejecutar un  proyecto de resaltos en la misma arteria desde El Señorial hasta El Castaño. Arteria que dicho sea de paso, está en pésimas condiciones.

Más aún, por qué hubo que esperar que un niño se encuentre grave en el hospital y los vecinos de El Carmen tengan que protestar en la vía pública, para que se anuncien tres resaltos en el tramo correspondiente a esta villa donde habitan 4 mil personas.

20 días demora el trámite administrativo para instalar resaltos.

Quizás, si nuestras autoridades hubiesen atendido el requerimiento de la comunidad, si hubiésemos sido previsores, otro gallo cantaría y no estaría Oscar en el Hospital, ni preguntándonos por qué acciones tan sencillas de realizar, muchas de ellas incluso baratas, terminan convirtiéndose en una reacción ante hechos consumados.

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