Opinión: “La contienda es desigual”

eduardo lara incendio valparaisoPor Patricia Boffa Casas

Difícil pensar que a Eduardo Lara, el guardia municipal de Valparaíso, al salir de su casa el 21 de mayo, se le hubiese pasado por la mente que ese día moriría. Se me ocurre que este trabajador, como muchos que deben laborar un sábado feriado, haya esperado que la jornada fuese lo suficientemente tranquila, como para no lamentar tanto el hecho de no estar descansando.

De seguro este hombre, por su edad, tenía claro lo que significaba estar fuera de casa durante el 21 de mayo en Valparaíso, cuando a casi nadie le sorprende la realización de manifestaciones en la ciudad donde se realiza la Cuenta Pública de la Presidenta de la República.

Mientras una familia llora la pérdida injusta de este hombre y una ciudad pide que por favor, ya no hagan más en el puerto las cuentas públicas de los jefes de Estado, yo me pregunto por qué no nos ponemos a pensar cómo evitar que haya otros Eduardo Lara y cómo logramos que las manifestaciones masivas de expresión de demandas ciudadanas, no se tiñan de sangre.

El tema no pasa por la actividad que se realiza, pues no olvidemos que independientemente de  ello, por cada protesta multitudinaria que se realiza, hay quienes las encaminan hacia la comisión de actos violentistas, enfrentamientos con Carabineros y daños a la propiedad pública y privada.patricia boffa casas

El tema no pasa por el escenario, pues les puedo asegurar que si a la Presidenta se le ocurriera hacer la cuenta pública en San Felipe, la concentración se haría en las inmediaciones y terminaríamos con paraderos destruidos, vidrios rotos y automóviles quemados.

El tema no pasa tampoco por decirle a los Eduardo Lara que no salgan a trabajar, pues incluso en nuestra casa podríamos terminar muertos como resultado de una bala loca o una bomba molotov lanzada al azar.

El tema pasa porque cada vez estamos más agresivos. Porque el descontento no se manifiesta con palabras, sino que con palos, barricadas, atentados y ataques incendiarios.

La muerte de Eduardo Lara, aunque la justicia nos diga lo contrario, es un crimen, es un homicidio quizá no premeditado, pero que en definitiva nos deja un sabor amargo y respecto del cual, tenemos dos alternativas, o seguimos escalando en esta dinámica de violencia; o bien, hacemos algo para evitar que esto continúe y en un par de años, sino más pronto, tengamos que lamentar la muerte de más personas.

Y claro,  en este escenario podemos poner sobre la balanza muchos elementos, podemos hacer mea culpa o asignar responsabilidad.  Esto último será materia de análisis de la justicia. La búsqueda de culpables, podrá derivar en recriminaciones. Pero la lógica nos indica que debemos buscar fórmulas que nos permitan poner fin a los círculos de violencia.

Esto no se trata de atentar contra la libertad de expresión. Esto pasa por no herirnos ni menos matarnos. Pasa por generar estrategias que nos permitan instalar la cultura del respeto y de la empatía.

Nadie quiere vidrios rotos, autos quemados, negocios saqueados ni vidas destruidas.

Es más simple de lo que se piensa, sobre todo si nos damos cuenta que en esto hay consenso. El tema está en dar un paso e iniciar un camino más amable. Quién sabe si reconvertimos la energía que algunos usan para armar y lanzar bombas molotov y la usamos para unir las piezas de un país que hoy está fracturado por la violencia.

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