Opinión: “Creer que se puede”

patricia boffa casasPor Patricia Boffa Casas
Tras el bicampeonato de América de nuestro seleccionado nacional, la alegría de nuestro pueblo chileno no solo se genera por la obtención de una copa, sino por también la posibilidad cierta de ser los mejores.

¿Los mejores en qué? Me preguntarán los más pesimistas, respondiendo seguramente, “los mejores en las estafas, en las boletas falsas y en la delincuencia.

Mi respuesta es más profunda y quizás, representa a algo más que un puñado de chilenos, ese puñado que supera al de las estafas, los casos Caval, Soquimich, los otrora PGE y hasta los MOP – GATE.

Mi respuesta abarca a quienes trabajan de sol a sol para que sus hijos puedan convertir sus sueños, a aquellas mamás que son jefas de hogar y que no temen al desconocido mundo del emprendimiento para dar un vuelco favorable en sus vidas y la de sus hijos; a aquellos abuelos que asumen la crianza de sus nietos para que sus hijos puedan seguir estudiando; a aquellos hijos que complementan los estudios y el trabajo para convertirse en profesionales, a aquellos que trabajan como voluntarios, a dirigentes ad honorem que sacrifican su vida familiar en beneficio de sus comunidades, a los profesores que lidian con un sistema perverso, enseñando en salas que si en invierno son un congelador, en verano se convierten en un sauna; a funcionarios públicos que miran con pesar a sus jefaturas recibiendo sueldos millonarios mientras ellos atienden con una sonrisa en el rostro y reciben un sueldo miserable a fin de mes; a artistas que deben mostrar su talento en la calle porque no encuentran escenario ni trabajo; a deportistas que deben hacer rifas, completadas y bingos para reunir los fondos que les permitan salir a competir para representar a su país.

También representa a aquellos que se sobreponen ante la adversidad, la adversidad de los terremotos, los incendios, los tsunamis, la pobreza, el desconsuelo, la violencia…

Y si usted cree que lo anterior puede resultar un tanto poético, no puede negar que a pesar de esos chilenos que sin saberlo son gladiadores, nuestra historia nos ha marcado como los segundos o los terceros. Los que cuando ganan, es a modo de excepción y no por costumbre.

Nuestro seleccionado nacional y su condición de bicampeón nos dice mucho más que un brindis  y un pan crujiente por la mañana.

Nuestro seleccionado nos confirma que primero hay que creer. Creernos el cuento. Y luego, hay que trabajar. Porque las cosas no llegan solas. Ni las buenas, ni las malas.

Y lo digo convicción. Porque somos mucho más que campeones de América y campeones en solidaridad, como cada año nos autodenominamos para Teletón.

Y no se trata de que esa mentalidad ganadora o competitiva, se traduzca en pasar por encima del otro.

Estoy hablando de creer que con trabajo, con respeto hacia el otro y con la convicción de que podemos ser mejores, no cosecharemos el éxito como excepción, sino que podremos acostumbrarnos a ganar por mérito, a lograr el desarrollo equitativo y por fin, a alcanzar la felicidad, la nuestra, la de quienes queremos y la de todo nuestro país.

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