«Siervo Malo y Negligente»

Por Pedro Muñoz

Señor Obispo Gonzalo Bravo:

Esta columna la redactaré, cual crítico de espectáculos analiza una obra vertiginosa, con un final inesperado.

Y para no hacerle quedar en desventaja, me animaré a redactarla con tono de carta abierta y emplazando al burro del curso, a ese que, por más que le dijeran las cosas, no entendía nada, pero que por razones impensadas, se lo topa uno a vuelta de vida, teniendo que pedirle un favor.

¿Existirá algo más frustrante que aquello? Tener que soportarle la cara, el habla y sus sonrisas con el lema de «Aquí te quiero ver. Mira donde estoy yo ahora». Tener que reírse forzadamente de un chiste fome que haga, o alabarle alguna pintura horrible en la pared, solo para no caerle mal y tener que devolverse con las manos vacías.obispo gonzalo bravo sirvo malo y negligente 1

Usted me cae mal de entrada, y ya le explico el porqué . No crea que por eso lanzaré la típica pachotada del que lo acusa de haber encubierto abusos sexuales contra niños vulnerables al amparo de la Iglesia, mientras le cubría las espaldas al Obispo Duarte en el Puerto. Ni me referiré a sus negocios dentro y fuera de la iglesia, porque cada cosa se conoce a su tiempo, y ya habrá tiempo para ello.

Usted me cae bien, porque es ‘achorao’, como buen porteño. Además, pertenece a esa generación de curas que no adormecen con sus prédicas. Es astuto y busquilla, aunque tiene sus mañas aspiracionales.

Usted me cae mal por cosas banales y por cosas de la esencia. De partida porque es wanderino, y ya se le ha salido en varias de sus prédicas. Por si no le han avisado, el Valle del Aconcagua es patriota hasta para la camiseta de fútbol. El Uní Uní no se tranza, al Trasandino no se le toca; con el Casuto y el Torino ni se meta. Jamás bromee con el Juventud Antoniana, el Libertad, el Boca, o cualquiera de nuestros emblemas deportivos. Hablar del Wanderers  en el valle, es un insulto. Y hacerlo en el altar, un sacrilegio, al menos desde Las Vegas a la cordillera.

Supe de la forma en que mandó a golpear la mesa al Liceo Parroquial de Rinconada. Partió mal, porque ahí, lo choro del puerto no sirve. Esas ovejitas eran suyas, y las espantó gratuitamente. Es sabido de la reverencia de ese colegio y su comunidad a la iglesia. Acaso ¿nadie le dijo que por eso a Rinconada se le conoce como la capital espiritual de Chile?

No existe gente más noble que el rinconadino, y a usted le faltó acercarse y preguntar primero, aún antes de golpear. Antes de volar en helicóptero con el cura Pedro Vera,  y ‘bendecir’ desde el aíre, usted debió caminar primero.

Un día un amigo me explicó que en Palestina el pastor va delante de las ovejas y las guía, pero en Latinoamérica el pastor las arrea, las persigue, las corretea y, literalmente «las perrea». Y eso usted lo hace muy bien. Está en su naturaleza, pero no exagere, porque eso es peligroso.

Cuando usted se formó, el cura era un pastor respetado, querido y protegido por la sociedad entera. Hoy su institucionalidad se encuentra debilitada, corroída por la desconfianza. Desconfianza que por cierto se genera por un alejamiento de la realidad social, independiente de lo votos que se pudieran representar. La iglesia en sí, representa un ícono de maldad que hace 10 años era impensado. Por lo mismo, todos los pasos que se dan y todas las señales que se envían a la comunidad deben apuntar a un reencuentro con ellos, de lo contrario, la propia sociedad los comienza a sacar de en medio de ellos.

Sucedió hace unos días, cuando el párroco de Rinconada intentaba explicar con una serie de burbujas mágicas, encargadas por usted, que una señora, una apoderada igual que yo, le lanzó una frase que desgarró el ambiente: «¿En qué momento Jesús abandonó esta parroquia?».

Yo se que a usted Jesús le importa bien poco en estos momentos, y para estos temas, porque digamos las cosas como son, ni Jesucristo aprobaba el matonaje administrativo, ni mucho menos aprobaba que a su humilde rebaño le quitaran la poca lana que les queda. Usted no vino al colegio a conversar con nadie. Usted no se acercó, como lo haría un padre amoroso. Usted envió a un dirigente político, militante y candidato Demócrata Cristiano, quien gritó, golpeó la mesa y desautorizó de manera casi delictual. Pero no lo mandó solo, lo envió con un abogado y otro más que llegaron a asaltar el colegio, en busca de un pleito gratuito y malintencionado. Hechos por cierto, que Jesús jamás toleraría.

Y sí, estoy entrando a su cancha, a su propio terreno a emplear materias de su competencia para intentar  apuntarle con sus propias reglas y que el lector entienda el dolor que los padres del Liceo Parroquial estamos sintiendo. Nos quedan aún dos caminos. Uno lo empezamos hace dos días y el otro no lo iniciaremos hasta ver cómo reacciona, si acaso aún le queda espíritu pastoral.Protestas obispo gonzalo bravo sirvo malo y negligente 1

Hace dos semanas usted realizaba su prédica en el sector de las tomas, bajo el paso nivel de la carretera ch60 en San Felipe, esas mismas donde usted tiene echado el ojo a, ya sabe usted qué cosa. En su linda plática (además de saludar al Wanderers), explicó la parábola de los talentos, una de las más hermosas y efectivas herramientas de enseñanza de Jesucristo. Con energía recitó el mismo ejemplo que usted está siguiendo, ese del «siervo malo y negligente», aquel que se acomodó a no producir nada y más encima pretender usar el talento de Dios para esconderlo.

Sus planes ya están trazados, primero amenazar, luego pedir, y en seguida exigir de vuelta algo que usted sabe que en esencia no construyó la iglesia, y que sin haber invertido jamás nada en ese colegio, hoy se los arrebata a sus ovejitas.

Los terrenos fueron donados por un particular para que allí se creara un colegio gratuito, y en el espacio que sobró, se construyó la parroquia. Fueron los apoderados los que poco a poco fueron construyendo las salas, los pasillos, adquiriendo el mobiliario y armando una biblioteca respetable. Fuimos los apoderados los que trabajamos cada uno de los talentos que se nos dio, no solo para construir una estructura física, sino también construir sociedad, formando con valores que hasta la Iglesia hoy no logra levantar. Ni un solo peso ha dispuesto la iglesia en lo que nosotros construimos. Ni un solo peso colocó usted para tratarnos de esta forma, prepotente y abusiva, donde espera que las ovejas lleguen a su lado, y usted no se levanta a recogerlas.

Será cosa de tiempo para que usted tenga que rendir cuentas y le pregunten qué sabe usted de un tal Pablito, niño que solo ha recibido paciencia y amor que ningún otro colegio quiso darle; o del pequeño Vicente, a quien toda la escuela llenó de energía para darle la pelea a la vida; qué sabe usted de nuestra pequeña María Ignacia, que agregó doble energía de solidaridad y hermandad a todos los que hacemos escuela; o de nuestra querida Vania que nos enseñó a no ser egoístas en el dolor. Porque cuando este colegio armaba sus propias cajas de mercadería, y compraba hasta harina para hacerles pan a los niños, usted guardaba su talento bajo la almohada solo para aparecer ahora, aprovechándose de lo cimentado para construir y parasitar sobre él, sus propios intereses de «esclavo malo y negligente».

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